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VI Jornada de Sexología y Diversidad Sexual

El 13 de octubre de 8 a 18 hs. en la Fundación Sanatorio Güemes (F.A. Figueroa 1240 C.A.B.A.) se llevará a cabo la VI Jornada de Sexología y Diversidad Sexual, organizada por Conciencia Humana en la Salud.

Un año más, bajo la dirección del Dr. Adrián Helien y la Dra. Sandra Magirena, se abre este espacio de intercambio único en donde se abordarán distintos aspectos de la sexología clínica y la diversidad sexual con exposiciones de gran interés académico.

Para más información: www.sexologiaydiversidad.com.ar


Trans y cisgénero. Desafíos para la familia y la escuela

Adrián Helien propone comenzar a hablar de post género, de personas básicamente más allá de su actividad, raza, religión o identidad sexual. De todos modos, asegura que “la revolución del género es algo que está cambiando las sociedades radicalmente. Es una etapa evolutiva muy importante porque como seres humanos rompimos la categoría biológica y estamos dándole una vuelta muy interesante, deconstruyendo el género para hacer una sociedad más inclusiva y equitativa”.



Helien es médico psiquiatra y sexólogo, coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero del Hospital Durand, único en el país. Llegó a Viedma a brindar una charla organizada por la Escuela Ecológica GAIA de Viedma, sobre la temática en general, pero el abordaje de la transexualidad en la familia, la sociedad y los colegios.

A la disertación también asistieron los equipos del Ministerio de Educación de Río Negro, ya que es una situación cada vez más frecuente y requiere de abordajes integrales.

“A veces el lenguaje se queda corto”, dice Helien. “Las palabras no alcanzan porque están construidas en un mundo binario, y no alcanzan para representar a todas las personas”. Con estas definiciones el autor de “Cuerpxs equivocadxs” inicia una charla con ADN previo a la charla en GAIA.

La identidad de género es un tema cada vez más desarrollado pero sigue siendo complejo para las generaciones que fueron educadas en otro contexto socio-cultural y bajo un régimen que solo contempla las opciones varón-mujer.



-¿Cómo romper el sistema binario?

-Entendiendo que la identidad tiene que ver con la autopercepción que tenemos todas las personas, que es individual única y subjetiva. La identidad es un tema con uno mismo, por lo cual la única persona que puede definir mi identidad soy yo y, de alguna manera, esto está validado por la Ley de Género. A veces, la confusión es con la orientación sexual, que tiene que ver con quién me conmueve, quién me emociona, quién me excita.

-Siendo así, ¿es posible saber cuántas orientaciones hay?

-Si partimos del sistema binario hombre-mujer-hétero-normativo, hay infinitas posibilidades respecto de las orientaciones: homo, hétero, bi, pan, plurisexual. Y hay personas que prefieren personas transgénero. Entonces, se empieza a romper el sistema binario y el tema identitario también se empieza a romper, porque de alguna manera no alcanzan las variantes que tenemos de varón y mujer para representar toda la diversidad.

-Menos aún categorías…

-Es muy difícl hablar de categorías porque de alguna manera son categoriales y cuando categorizás siempre lo hacés desde un nivel superior: el varón y la mujer normativos. Entonces, para escaparle a esa etiqueta hablo de varones y mujeres transgénero, y varones y mujeres cisgénero. Los trans, no están de acuerdo con el sexo que le asignaron al nacer. Y los cis, la identidad de género sí coincide.

-¿Alcanza esa denominación?

-No alcanza. Hay personas que no entran en la categoría de varón o mujer, ni quieren estarlo. Se definen como género fluido por ejemplo, pero no aceptan identificación. No les interesa cómo los llamen porque no adhieren a ningún género y es una situación cada vez más frecuente. En la autonomía, la autopercepción y la autodefinición de cada persona no está primando esto que tanto nos tranquiliza, que es etiquetar a alguien. Las etiquetas no ayudan para percibir la diversidad.

-Pero tendemos a etiquetar.

-Hay cada vez más gente que se vincula con las personas más allá de lo que tenga entre las piernas. Lo que hay que entender es que somos todos distintos y sí, eso muchas veces no se entiende. Vamos a tratar siempre de encasillar a las personas en varón-mujer y con la base en lo hétero, y la verdad es que no, que hay gente que no entra en esa categoría ni quiere entrar.

-¿Ayudó la ley de género para empezar a evolucionar?

-La Ley de Identidad de Género (una de las más avanzadas del mundo después de la Dinamarca y Malta), lo que permite es la autodefinición de las personas y autoriza a disponer libremente del cuerpo, porque si quiero, autónomamente me opero. Rompe con aquella práctica de pedirle permiso a un juez para modificar un cuerpo y hacerlo armónico a su identidad. Antes, una mujer podía libremente ir a operarse los pechos, pero una persona trans no podía y debía acudir a la Justicia. Sin embrago quedó vieja porque la gente ya se define fuera del sistema binario y como la ley aún es varón-mujer, mucha gente queda afuera.

-¿A qué edad se expresa la identidad?

-La mayoría de las personas expresan su identidad a temprana edad. Antes de los 10 años o antes de los 5 en gran medida, es decir, que la mayoría se autopercibe en la primera infancia.

-¿Y cómo se expresa?

-Se expresa de diferentes formas: juegos, elecciones de juguetes o directamente a sus padres con frases como “ustedes se equivocaron conmigo”. Hay autodefiniciones que son más fuertes y otras no tanto. Algunas son más evidentes y a veces demora más.

Después de la expresión de la identidad de las personas, Helien hace foco en la aceptación.

-La única palabra importante es la aceptación. No sabemos cómo se conforma la identidad, ni cis ni trans, lo que sí sabemos es que es importante aceptar a la persona para que puede desarrollarse como tal, porque el riesgo es que un chico sea expulsado de su familia simplemente por no cumplir las expectativas de género, o le hagan bullying en la escuela, lo maltraten en la calle o se ejerza violencia sobre él.

-Hay que trabajar en la integración.

-Claro, porque es un chico de alto riesgo. A veces, a los chicos los expulsan de la casa y de la escuela y queda en una situación de vulnerabilidad enorme. Alguien quien no puede expresarse y que le digan “vos no sos” todo el tiempo es una situación compleja de llevar. El niño necesita que lo apoyen, y lo contengan y lo acompañen.

-¿De lo contrario, cuáles son las consecuencias?

-La aceptación salva vidas. Sino hay alto riesgo de suicidios y padecimientos de depresión. La aceptación es la mejor contención para un niño transgénero.

-¿No es difícil la aceptación para generaciones más viejas? 

-Hoy los chicos tienen perfiles e identidades digitales que los ayuda mucho más a aceptar la diversidad. Incluso a aquellos a quienes les lleva tiempo hacerlo público. Pero los padres no somos flexibles, y fuimos educados en este régimen binario y muchos de los chicos tienen miedo de perder el cariño de sus padres.

-¿La negación es una forma de querer modificar las cosas?

-No es un capricho ni un juego que un niño que nació varón se sienta mujer. No es una elección, es una situación compleja. Entonces, si a este chico lo querés cambiar, lo querés hacer entrar en un cajón que no entra, va a sufrir y no lo vas a cambiar. Hay que escuchar a los chicos, validar sus sentimientos y emociones, y acompañarlos. Aceptación y acompañamiento.

-Hay una mirada social fuerte también.

-La sociedad tiene un ojo que yo llamo policía de género, que te quiere encasillar en el régimen binario. Hay que flexibilizar estos roles para que los chicos elijan ser quienes quieran ser. Hay una sociedad que debe respetar y acompañar esta diversidad, porque nos corresponde a todos vivir este cambio. Tenemos que tomar conciencia porque sino podemos dañar a mucha gente. Abrir las posibilidades genera potenciar las capacidades de la gente.

-¿Y el rol de la escuela?

-La escuela es un núcleo fundamental, como la familia, porque son dos pilares importantes. Lamentablemente, a veces, en esos ámbitos se ejerce violencia de género con los chicos trans o de identidad sexual líquida. Hay que generar mecanismos inclusivos en estos ámbitos. Hoy podemos cambiar el rumbo, mejorar la calidad de vida de chicas y chicos y eso hay que hacerlo hoy, por lo que nos corresponde un mínimo de responsabilidad en acompañar y mínimamente informarnos para evitar consecuencias graves.



Publicado por ADN Agencia Digital de Noticias, Viedma, Río Negro.

La intolerancia cool: el entorno respeta, pero exige una definición sexual

Lejos de espantarse porque un amigo o pariente se confiese gay, lo que muchas personas no pueden soportar es que alguien sienta atracción indistintamente por uno u otro género.


Cuando Luciana (42) conoció a Vanina sintió que el mundo se había detenido. Nunca había tenido una atracción tan fuerte por una mujer. Hasta entonces, siempre se había relacionado con hombres; incluso estaba en pareja con Matías hacía dos años. Decidió separarse y hacerse cargo de lo que le estaba pasando. Su decisión le trajo un problema donde menos lo esperaba. "Gran parte del entorno de Vanina se movía en un circuito gay. Yo no era aceptada porque no me consideraba ni gay ni hetero. Me decían: «¿Vos qué onda?, ¿vas y venís?» No me hallaba en ningún lugar. Para mucha gente gay, era inaceptable estar con hombres y yo era sapo de otro pozo", recuerda. Al tiempo se separaron y Luciana conoció a Eugenio, con quien se casó y tuvo dos hijos.

El caso grafica una situación propia de la época. Cada vez más personas deciden no definirse en relación a una determinada identidad sexual; sin embargo, esta fluidez provoca malestar en aquellos que no admiten esta permeabilidad a la hora de vincularse con un otro.

"La sexualidad es una construcción que tiene una base biológica, pero también es un fenómeno cuerpo-mente. La conformación de la sexualidad de cada uno va a ser aprehendida en un contexto social, vincular y afectivo que va a terminar de tallar ese cuerpo y esa mente. Hoy entendemos que hay distintas formas de expresión sexual, prácticamente inabarcables. Lo que creíamos que era una estructura fija, que no podía cambiar, hoy lo leemos como una construcción más flexible y fluida", explica Adrián Helien, médico psiquiatra que coordina el Grupo de Atención a Personas Transgénero del Hospital Durand y coautor del libro Cuerpxs equivocadxs: hacia la comprensión de la diversidad sexual (Paidós).

Para Rafael (30), estudiante de Ciencias Políticas, no fue fácil contarle a su entorno que le gustaban los hombres. Durante un tiempo, se la pasó mintiendo u ocultando dónde estaba o a quién veía. Cuando su ex novio lo dejó, no pudo contener la tristeza y decidió hablar. Para su sorpresa, recibió el apoyo de sus afectos. El problema -asegura- vino después.

"Yo pensé que había «salido del clóset» y cuando tenía 25 años conocí una chica de la cual me enamoré profundamente. Estuvimos dos años de novios. Algunos amigos me decían que estaba en una «etapa», que «ya se me iba a pasar» o me pedían que me defina por alguno de los dos sexos. Nadie creía en lo que me pasaba. Yo estaba muerto de amor por ella", expresa. Ahora, en retrospectiva, reflexiona: "Cuando me autodefiní gay lo que hice fue entrar en otro clóset y me equivoqué. Estaba viviendo la mitad de mi sexualidad. Hoy me siento totalmente libre porque no me enamoro de una persona por su genitalidad, sino por lo que la persona es".

El concepto de sexualidad fluida sostiene, a grandes rasgos, que las atracciones de las personas y por lo tanto su identidad sexual puede cambiar a lo largo del tiempo. La persona puede ser homosexual, heterosexual, bisexual, pansexual o incluso asexual, puede tener relaciones con varones, mujeres o trans más allá de la biología. Se trata de establecer relaciones afectivas que empiezan a quebrar el binario de la orientación sexual.

Por ejemplo, una mujer que siempre estuvo con hombres se identifica como heterosexual. Luego, desarrolla un vínculo emocional muy fuerte con otra mujer y se encuentra sexualmente atraída. A veces, las mujeres que pasan por esta experiencia todavía se consideran heterosexuales y ahí es donde se produce la confusión: su atracción cambia, pero todavía se identifican con la misma orientación. Otras eligen identificarse como bisexuales o lesbianas.

El punto nodal es entender que la identidad de un individuo es personal y subjetiva. Sólo uno puede definir quién es y representarse de la manera que le parezca, sin importar lo que piensen los demás. Aquellos que no se encasillan en una orientación sexual no rechazan a quienes lo hagan. El conflicto aparece en los que son categóricos en relación a sus preferencias sexuales y las de los otros.

Andrea (45) estuvo en pareja con más de diez chicas, pero nunca dejó de sentirse atraída por los hombres. Hace más de cuatro años está de novia con Claudio, a quien conoció a través de un sitio web de citas. "Yo me considero bisexual. En el ambiente gay tuve que soportar cargadas y hasta discriminación. Hay chicas que no se bancan que pueda gustarte un sexo u otro. La necesidad de etiquetarte está en los dos lados, tanto de los hetero como los homo".

"Son grupos a los que les ha costado mucho visibilizarse, conseguir cierto estatus y no ser discriminados. Cuando alguien propone algo diferente es atacado por miedo a que esta diferencia desarme el conjunto. Los expone a repensarse y les ofrece un nuevo espejo donde verse. Incluso, en estos grupos cuesta aceptar la diferencia del otro", articula Viviana Wapñarsky, psicóloga, sexóloga clínica y cofundadora del Centro de Atención Integral en Salud Sexual (CAISS).

El colectivo Bisexuales Feministas emergió en 2011 en un Encuentro Nacional de Mujeres, que se desarrolló en Bariloche. Lo integran mujeres y mujeres trans y se propone hacer valer la "B", que genera tantas discusiones dentro la propia comunidad LGTB. "En 2008, estábamos armando el Primer Encuentro Nacional de Mujeres Lesbianas y yo dije que las bisexuales también íbamos a participar siempre y cuando la jornada se denominara «Primer Encuentro Nacional de Mujeres Lesbianas y Bisexuales». Se armaron unas discusiones terribles. Nunca me quedó claro qué les molestaba tanto", recuerda Laura, investigadora del Conicet.

¿Por qué la idea de cambiar es bien vista en relación a un trabajo, un gusto musical o cualquier otro aspecto de la vida y no así en lo sexual? ¿Acaso uno es la misma persona que hace 10 años? ¿Desea siempre lo mismo? "La diversidad sexual somos todos y la posibilidad de que haya un otro diferente nos cuesta. Es un trabajo que tenemos que hacer como sociedad, independientemente de las categorías y las etiquetas. Hay que trabajar para aceptar al otro como un otro diferente, válido para la convivencia", concluye Helien.

Lila Bendersky | La Nación

Ni hombre ni mujer: cada vez más jóvenes evitan ser encasillados

Son jóvenes que esquivan las categorías binarias de varón-mujer y construyen identidades menos estáticas, a la medida de su deseo.

A Sabrina le ceden el asiento en el colectivo, a Santiago le dicen "campeón" o "jefe" por la calle. A Sabrina/Santiago le da igual que la/lo traten de ella o de él; de hecho su apariencia puede sugerir ambas cosas. O ninguna. Pelo corto, remera unisex, pantalón ídem, no busca ser ni él ni ella, sino que se define como "género fluido". "No me puedo encasillar ni como varón ni como mujer, no me siento hombre ni mujer. Uso a veces otro nombre, Santiago, independientemente del que figura en mi DNI, que es Sabrina, pero no cambié mi documento ni tampoco creo que lo haga. Me resulta indistinto que me traten como él o como ella, no me genera ninguna incomodidad", asegura Sabrina Testa (tal como figura en su documento), de 31 años, que enseña castellano, literatura y latín y que, cuando escribe o chatea, evita que sus palabas definan género. Ni chica, ni chico: chicx.

No se trata de un único caso. Cada vez son más (y a edades cada vez más tempranas) las personas que se autoexcluyen del binario varón-mujer, cuestionándolo o apartándose de la obligación de llevar sus vidas en clave femenina o masculina. Agénero, intergénero, neutro, demigénero, género fluido, pángenero, queer o questioning, entre muchas otras etiquetas, todas integran un amplio abanico de identidades asumidas por quienes tienen en común con las personas trans el no estar de acuerdo con el género que les fue asignado al nacer. La diferencia, eso sí, reside en un punto no menor: no desean pertenecer a un género en particular. Están afuera de la oposición.

"Estamos viendo cada vez más consultas de jóvenes de alrededor de 18 años que no se sienten identificados con el mundo del varón ni con el de la mujer, y que tienen otras identidades de género. Hay distintas etiquetas o formas de ser nombradas, pero de lo que se trata es de personas que no adscriben al binario de género masculino/femenino, y que no quieren ubicarse en ninguno de los dos casilleros, sino estar afuera", cuenta Adrián Helien, médico psiquiatra que coordina el Grupo de Atención a Personas Transgénero del Hospital Durand y coautor del libro Cuerpxs equivocadxs: hacia la comprensión de la diversidad sexual (Paidós).

"Las personas que se identifican como pertenencientes a la categoría 'no binario' rechazan la asunción del género hombre/mujer. Hacen estallar la presunción naturalizada que haría corresponder en base al sexo asignado al nacer una identidad de género determinada e "inevitable" -completa Marcos Ghea, psicólogo que integra el citado grupo del Durand-. Quienes se autoperciben como 'no binarios' no se sienten identificados con ninguno de los elementos pertenecientes al mundo 'del rosa y el celeste'. Denuncian y se resisten a ser etiquetados como hombre/masculino o mujer/femenina, como si fueran dos categorías excluyentes por fuera de las cuales no habría otro modo de ser en el mundo".

Ya sea como decantación natural de los avances en pos del reconocimiento de la diversidad sexual y de género (cuyo hito, en la Argentina, es la Ley de Identidad de Género) o porque quienes se ubican afuera del binario varón/mujer comienza a ser más y por lo tanto más visibles, la existencia de estas otras identidades de género comienza a ser reconocida desde distintos lugares. Son pequeños gestos, aunque algunos llegan a millones. Tinder, por ejemplo. La App de citas con 50 millones de usuarios ahora permite a quienes ingresan por primera vez elegir ya no entre dos géneros, sino entre... 40. Fuera del mundo virtual, crecen los espacios públicos como universidades, centros comerciales, museos, bares o escuelas que cuentan o aspiran a contar con baños multigénero.

Con Beyond He or She (Más allá de él o ella) como título de tapa, la revista Time abordó recientemente el tema a partir de una encuesta realizada por la ONG norteamericana LGBTQ Glaad que muestra que el 20% de los millennials no se reconoce ni estrictamente heterosexual ni dentro de la categoría cisgénero -personas cuya identidad está en sintonía con el género socialmente asignado-, cuando el porcentaje dentro la generación de los baby boomers es del 7 por ciento.

Adrián Helien advierte que ubicarse fuera del binario varón/mujer no implica adscribir a una orientación sexual específica: el mismo arco iris de diversidad de género tiene un correlato en la diversidad de elecciones sexuales. "Es habitual en estas personas el cuestionamiento de la orientación sexual más allá del binario heterosexual/homosexual -dice-. La persona puede ser homosexual, heterosexual, bisexual, pansexual o incluso asexual, puede tener relaciones con varones, mujeres o trans más allá de la biología. Se trata de establecer relaciones afectivas que empiezan a quebrar el binario heteronormativo de la orientación sexual".

Incluso esas relaciones pueden ser afectivas, pero no románticas. Andy, estudiante de profesorado de matemáticas, de 19 años, define su orientación como ágenero, asexual y arromántica: "Nunca me sentí mujer, pero tampoco hombre. El problema es que hasta que a los 17 años conocí la palabra ágenero no sabía que había otras opciones. Pero mi orientación sexual, que es asexual y arromántica, la sabía desde mucho antes, era algo muy definido: ni atracción sexual, ni romántica. Mis vínculos son mi familia y mis amigos, nunca tuve ningún problema con eso", cuenta Andy, que admite que no suele ser fácil que entiendan su identidad: "No creo que sea mala intención de la gente, sino que hay muy poca información al respecto", agrega.

Sam Escobar, a cargo de la edición de belleza de GoodHousekeeping.com, también se ubica fuera del binario y ha escrito en la revista Esquire varias columnas sobre el tema. En una de ellas responde justamente a la pregunta "¿si sos no-binario entonces sos gay?": "No, tu orientación sexual y tu género son cosas separadas. Yo soy queer [término que se usa para personas que integran minorías que no se identifican con el binario] y me atraen personas de distintos géneros. Y, de hecho, he salido con muchas personas que se identifican como heterosexuales", escribió.

"Incluso el hecho de que una persona sea agénero no significa que no pueda gustarle el rol de su orientación -agrega María del Carmen Rodolico, psicóloga y sexóloga clínica del Grupo de Atención a Personas Transgénero del Durand-. O puede ser diferente, y que le gusten varones, mujeres, mixto, bisexuales. Es complejo".

"Un error común es suponer que todas las personas no-binarias son andróginas -escribe Sam Escobar-. La forma en que uno se presenta (la expresión de género) y la forma en que uno se identifica pueden estar conectadas, pero no necesariamente dependen una de otra. Yo no me identifico como una mujer, pero las fotos muestran que me presento bastante femenina, por lo que la mayoría de las personas asumen que soy una mujer cisgénero a menos que les diga que no es así. Llevo el pelo largo porque prefiero el corte hasta los hombros. No me depilo las piernas. De vez en cuando uso vestidos, y juego con el maquillaje todos los días porque ése es mi trabajo [editora de belleza]. Al mismo tiempo, conozco gente no-binaria que usa barba y se depila las piernas, otros que se maquillan el rostro y usan traje. Todas son expresiones que dependen por completo de lo individual".

Así como andrógino no es sinónimo de no-binario, el uso de prendas de vestir que no señalan unívocamente si son para varón o para mujer se encuentra muy extendido hoy en día. Y esa androginia en el campo de la moda es, también, un signo de época. "Empezamos en 2001 haciendo ropa con una estética específica, que no llevaba ornamentación, y en los últimos años empezamos a ver que muchas prendas funcionan bien para hombre y para mujer. De hecho veíamos que mujeres y hombres compraban prendas indistintamente de en qué perchero estaban. Ahí empezamos a trabajar nuestras prendas desde un no género", cuenta Emiliano Blanco que junto con Camila Milessi están a cargo de la dirección creativa de la marca de ropa unisex Kostüme.

"Creo que en la Argentina ha habido una apertura a partir del casamiento igualitario y la ley de género que ha hecho que se pierda el prejuicio a usar prendas de hombre o mujer, sobre todo en los jóvenes -opina Emiliano-. Hoy hay hombres que no tienen problema en vestir una musculosa o remera larga que en una mujer funciona como vestido. Si les gusta y les queda cómodo, lo llevan".

En la consulta habitual en el hospital, Adrián Helien cuenta que es común que los jóvenes que no se identifican con los roles de género masculino o femenino busquen ciertos cambios corporales o estéticos. "Quieren explorar, a veces feminizando o masculinizando su cuerpo, o buscando códigos de vestimenta que no se identifican con el binario hombre/mujer", explica. En este sentido, Andy cuenta que desde hace tiempo reemplazó el corpiño por el uso de la faja: "Empecé a usar faja para tener el pecho más plano. Es una cosa personal, no me siento cómodo con ciertas partes de mi cuerpo -explica Andy, que suele usar desinencia masculina al hablar, junto con el pronombre él o el neutro elle-. Mi idea de cómo mi cuerpo debería ser es con el pecho plano, y de hecho estoy planeando una mastectomía. Pero tampoco es que busque una imagen masculina. Es como me siento cómodo yo".

"Nuestra tarea consiste en acompañar a estas personas en el proceso de explorar la propia identidad encontrando una expresión de sí mismas que satisfaga las propias expectativas -señala Marcos Ghea-. En muchos casos esto se manifiesta con la intención de presentar una apariencia física andrógina. Esto se puede lograr utilizando indumentaria «ambigua». Otras personas manifiestan la necesidad de cambiar su apariencia corporal, por lo que es necesario recurrir a tratamientos de hormonización, por ejemplo. También están quienes con acompañamiento psicológico y psicoterapia logran integrar su situación agenérica sin necesidad de feminizar o masculinizar sus cuerpos".

Preguntas abiertas

La ruptura del binario de género excede a la ley de identidad de género. "La aparición de los «género neutro» compatibiliza con la ley, porque depende de la autopercepción, pero discrepa de la letra de la ley en cuanto es «agénero» o un «pangénero», esto es, la elección radica en la no elección", advierte Diana Cohen Agrest, directora de las Diplomaturas Virtuales en Bioética y en Reproducción Asistida de la Universidad Isalud. De alguna forma, sostiene, "la ley ya sufrió el proceso de obsolescencia".

"Dentro del nuevo marco que plantea la ley de género, el sexo sigue siendo binario, las categorías se siguen manejando entre varón y mujer -dice Emiliano Litardo, de la ONG Abogados Por Los Derechos Sexuales-. La inquietud de no consignarse como varón o mujer implica el reclamo de quitar de los registros la categoría sexo. Es una cuestión de política social y una cuestión cultural. Pero en tanto no demos el debate, seguirá siendo necesario mantener la categoría sexo en el documento".


Dr. Adrián Helien

Médico Psiquiatra | Coordinador del GAPET, Hospital Durand.


Publicado por La Nación

La revolución del género

Se están produciendo enormes cambios en la comprensión de la diversidad sexual que están influyendo directamente en la vida de las personas. Asistimos a una verdadera revolución del género.

Culturalmente se planteaba que había solo dos formas de ser persona en el mundo: varón y mujer. Los mundos construidos a partir del dogma del rosa y el celeste. Solo se podía vivir en un extremo o en el otro. Esto está cambiando y continúa en proceso de renovación. Los seres humanos podemos estar en el amplio espectro que va de un extremo a otro, en cualquier punto intermedio entre varón- mujer, y aún fuera de estas categorías. Podemos además estar de acuerdo con el sexo que nos asignaron al nacer (cisgénero) o estar en desacuerdo (transgénero), siendo un aspecto humano perfectamente normal. La ciencia lo ha avalado y la ley argentina, pionera en el mundo, le dio un sustento legal.

No hay certeza acerca de cómo se conforma la identidad (ni cis, ni trans), sólo existen teorías, ninguna acreditada como válida por la ciencia actual. La teoría genética dice que la información de las diferentes identidades está inscripta en nuestros genes; la neurohormonal postula que existen cambios hormonales en la etapa fetal que darían diferentes estructuras cerebrales; la psicosocial apunta a las relaciones tempranas familiares. Finalmente, la teoría multifactorial postula que habría factores biológicos predisponentes que interactuarían con otros adquiridos después del nacimiento. Lo cierto es que existen niñxs que desde que adquieren el habla alrededor de los 2/3 años, ya expresan su disconformidad con el sexo asignado al nacer.
Las investigaciones disponibles a la fecha nos informan que, la mayoría de las personas transgénero, refieren que se dieron cuenta que no entraban en el casillero de varón o mujer que se les había asignado antes de los 10 años.

La niñez trans es una realidad negada y muchas veces ignorada por el sistema de salud y el educativo. ¿Hasta cuándo lo seguiremos haciendo sin medir sus consecuencias?
Ningún niñx debería perder su familia, su escuela, a sus amigxs de juego, ni debería ser víctima de violencia. Lamentablemente muchas veces sucede. Sólo por no cumplir con las expectativas de la división varón- mujer son estigmatizados y maltratados. Los niños con experiencia trans son obligados a entrar en un molde en el que no entran.
No se les permite elegir sus juguetes preferidos, limitando sus posibilidades de juego, desarrollo de habilidades y de integración. Por no hablar del castigo o rechazo de sus familiares cercanos. Esto tiene enormes consecuencias negativas para su salud. Un estudio de Caitlin Ryan de la Universidad de California nos dice que el rechazo familiar multiplica por ocho el riesgo de suicidio en niños y jóvenes homosexuales y transexuales.

Si escucháramos a nuestrxs niñxs y lxs miráramos a sus ojos, comprenderíamos que las limitaciones y prejuicios son nuestros. Ellos nos van a marcar el camino en materia de procesos de identidad. La identidad es un valor y un derecho humano básico. Sigamos aprendiendo y permitiendo que nuestros niñxs sean ellos.

La diversidad sexual somos todxs. No los otros. Trabajemos para extender la igualdad y las oportunidades para toda la familia humana.

Dr. Adrián Helien.
Coordinador del Grupo de Atención a Personas Transgénero (GAPET) del Hospital Durand
Autor del Libro Cuerpxs Equivocadxs. Hacia la comprensión de la diversidad sexual. Ed Paidós 2012.

Publicado por Viva.Clarín