Slider[Style1]

Style2

Style3[OneLeft]

Style3[OneRight]

Style4


Por el Dr. Adrián Helien

El sexo como un valor en la vida

Después de haber escuchado miles de consultas femeninas, pienso que pude acceder a la zona más secreta y oculta de sus vidas: la sexualidad.
Las mujeres habían llegado al consultorio afligidas por muchos problemas sexuales: falta de orgasmo, ausencia de deseo, miedos y dolores en las relaciones sexuales, desacuerdos a la hora del sexo, pero debajo de esos motivos, había algo más importante.
Al escribir esta nota caí en cuenta que, el tesoro mas valioso y guardado estaba en la profundidad de sus cuerpos y mentes. Era tan grande y tan obvio que costaba visualizarlo y darle la importancia que merece.

El Gran secreto sobre la sexualidad femenina

Lo que me contaban las mujeres;  su gran secreto, era que la sexualidad constituía un valor importante en sus vidas y  no estaban dispuestas a perderlo.
Puede ser que la palabra valor en general tenga una representación muy ligada a lo moral, a lo intangible. Aquí estaba ligada al placer, a los cuerpos, a las fantasías, al juego erótico y a la conexión que no se consigue de ninguna otra manera en el vínculo amoroso.
No renunciaban a ejercer su sexualidad. Sea cual fuere su orientación (heterosexuales, homosexuales, bisexuales), no abandonaban la bandera de pasarla bien con alguien. Las que decían que tiraban la toalla y no buscaban ni esperaban el encuentro, generalmente guardaban la esperanza y muchas veces pagaban el alto precio de una soledad no deseada. Muy distinto y valorable es el elegir concientemente estar sola y bien.
Muchas mujeres disfrutan hoy, el estar mejor solas y bien, que mal acompañadas pero en pareja.

Las consultas femeninas

Si tomamos las estadísticas que marcan los problemas sexuales femeninos vemos que la ausencia de deseo  o el bajo deseo sexual dominan la escena suman alrededor de 40 al 60% según diferentes fuentes. Por lejos encabezan la lista, seguido de los problemas para alcanzar el orgasmo.
La paradoja y el problema planteados podría sintetizarse como:
No estoy dispuesta a renunciar al placer sexual, pero no tengo ganas de hacer algo para obtenerlo. Sería como estar gravemente deshidratado y no tener ganas de tomar agua.
Las razones seguramente son múltiples y complejas como en todas las disfunciones sexuales, pero voy a referirme a las más comunes. Las que veo en el consultorio del Hospital Durand o en mi consulta privada.
A riesgo de ser simplificador, voy a dedicarme a exponer algunas causas de la disfunción del deseo y dar algunas respuestas para ayudar a resolverlas.

La escena sexual de hoy

Voy a comenzar por la vorágine de la vida cotidiana y las múltiples tareas que realiza la mujer hoy, es probable que no de abasto y tenga que hacer varias cosas a la vez. Esa mujer que juega en toda la cancha (con perdón de la metáfora masculina), trabaja afuera y adentro de casa, se dedica a la crianza, a las finanzas, probablemente, si hace todo al unísono, va camino al estrés y arriesga su salud, incluida la sexual.
Muchas veces no hay tiempo, ni cuerpo y ni mente dispuestas al encuentro sexual.
A la vez sabemos que los múltiples roles que ejerce la mujer son una realidad incuestionable, poco posible de modificar.
Las realidades hay que aceptarlas, pero aceptación, no implica resignación,

Saber o no saber de su propia sexualidad, esa es la cuestión.

A todos y todas nos hubiera gustado saber más sobre sexo. Seguramente nos habríamos ahorrado unos cuántos problemas y nosotros los sexólogos tendríamos mucho menos trabajo.
Lo cierto es que en materia de sexo, si bien hay una mayor apertura, todavía está pendiente una mejor educación sexual, en todo el sistema educativo (incluida la facultad de medicina),  que nos permita disfrutar mas y mejor
Aprendemos como podemos; en la familia, con los amigos, la experiencia y este aprendizaje muchas veces no alcanza o es catastróficamente malo.
La mejor definición de la sexualidad es la elaborada por  cada uno/a  a partir de sus creencias.
Si la creencia es errónea mi pensamiento y mi acción van a ser erróneos. Por ejemplo si mi creencia acerca de los distintos juegos sexuales es que son feos, sucios y malos, seguramente no voy a jugar en la relación sexual, o mi repertorio para pasarla bien se va a ver notablemente restringido. La consecuencia más probable es que el nivel de excitación disminuya, mi relación se empobrezca y el orgasmo se aleje del horizonte.
A corto o largo plazo hay altas posibilidades que el deseo disminuya.

Fórmulas para el cambio

Hay pocas fórmulas para el sexo y para la vida, una que no falla, es conocerse.
Cada persona tiene un mapa de su sexualidad, un mapa del amor. Ese mapa fue construido desde el nacimiento con una matriz física y un cerebro que fue incorporando información sobre lo que es la sexualidad. Así ladrillo a ladrillo fuimos aprendiendo que es ser varón y ser mujer. También aprendimos sobre gustos y escenas sexuales predilectas
Todo eso va a determinar por que nos gusta predominantemente un tipo de persona de la cual nos enamoramos a primera vista y ciertas preferencias por algunos juegos sexuales y no por otros.
Aprender sobre nuestros gustos es lo primero que deberíamos saber para pasarla bien en materia de sexo.
La idea de que alguien las va a despertar del sueño aletargado  y las va a llevar al éxtasis sexual es lo mismo que creer en Papá Noel. No existe, forma parte de los cuentos que nos contaron y que hoy no nos sirven para crecer. Mejor animarse a explorarnos y dedicarle el tiempo a esta  tarea es parte de cualquier terapia sexual.

Aprender a vivir cada etapa de la vida

Cada etapa de la vida es distinta y… ¡Es como es!
Si no hemos  descubierto que el tiempo existe, estamos  perdidos. Todas las etapas de la vida están para ser vividas. El tiempo pasa, sin vuelta atrás, si no estamos despiertos, concientes, probablemente perdamos la oportunidad de incorporar cosas útiles.
La niñez, la adolescencia, la juventud, la adultez y la tercera o la cuarta edad son todas etapas de la vida, y no existe la vida sin alguna expresión de la sexualidad.
Quedar apegados a una etapa quizá no me permita vivir con intensidad el presente.
Hay una mentira que muchos y muchas creen: la única etapa en que florece el sexo y merece ser vivido es la juventud.  Si eso fuera cierto sería un tren que pasa muy rápido.
Demasiado absurdo, pero muchas personas no se dan cuenta del tiempo y la energía que perdieron luchando contra la realidad. La realidad es una maestra que nunca pierde y si no se la acepta se pierde y sin revancha.

Vivir la vida

No se puede vivir con la única expectativa de la felicidad y menos ser siempre joven. Sería como estar siempre de vacaciones o de shopping, terminaría por ser aburrido.
La vida incluye todo, los buenos y los malos momentos y también los del medio, con diferentes matices
Aprender aun en las situaciones difíciles y mejorar como personas, solas, solos o en pareja; sería más realista.
Todos los momentos de la vida, a menos que exista una enfermedad que anule el erotismo,  incluyen la posibilidad de ser sexuales y contactar de alguna manera con el placer.

Vida cotidiana versus vida monótona

Los enredos de la vida, la monotonía y a veces paradójicamente la intimidad, matan el erotismo. Se necesita no perder de vista que el sexo es una pata importante para sostener la vida en pareja.
Si estamos dormidos o distraídos (con las ofertas de la inmediatez de turno)  podemos perder de vista la importancia de la sexualidad y el deseo muere lentamente por falta de riego. Lo que fue nuestro campo sexual placentero, se transforma en un desierto difícil de transitar.

Aceptación

Si alguien tiene un problema primero habría que aceptarlo. Aceptación en este caso nada tiene que ver con resignación.
Uno de las mayores fuentes de sufrimiento en la vida es no aceptar de la realidad tal cual es.  Se pierde una enorme cantidad de tiempo. Sufrimos, malgastamos energía y finalmente el círculo se nos cierra para seguir sufriendo.
Luego de aceptar el problema viene el compromiso con el cambio, con nosotros y con lo valores en la vida. Hay cosas importantes que guían nuestra vida y le dan sentido.
Esas pequeñas grandes cosas son los valores.
Estos valores no envejecen, solo van madurando si aprendemos de la vida y estamos despiertos como para poder verlo.

La sexualidad como valor

En nuestros valores vale la pena invertir esfuerzos. Los vamos a necesitar.
Sabemos que la sexualidad es una fuente de placer infinito, y es parte del cemento que sostiene la pareja, entonces ¿Por que no la cultivamos para disfrutar de sus frutos?
Los vericuetos del deseo son múltiples y complejos, no se puede minimizar a los componentes orgánicos que intervienen (las hormonas son solo una parte). Descartados estos problemas físicos en la consulta hay mucho por hacer.
Sabemos también que los esfuerzos voluntarios para desear tampoco funcionan. El deseo es mucho más caprichoso y aleatorio. No acepta ser domesticado a control remoto.

Qué hacer: Un lugar seguro para poder volar

Todos los seres humanos necesitamos un lugar seguro de donde partimos para explorar el mundo. Sucedió así cuando éramos bebes y comenzamos a gatear y luego a caminar.
Siempre desde la supervisión y mirada de nuestra madre o quien cumpliera esta función.
De a poco fuimos sintiéndonos seguros para soltarnos y andar solos.
En sexualidad también es necesario un lugar donde podemos sentirnos seguros para soltarnos a explorar.
Ese espacio en el que haga lo que haga voy a estar  bien y sin ansiedades ni tensiones existe en mi cuerpo y mi mente, solo tengo que tomar conciencia.
¿Por donde empezar? ¿Adónde está el lugar seguro en sexualidad?
El lugar seguro en sexualidad está siempre ligado a mi mapa del amor.
Esa es mi hoja de ruta para reencontrarme con el deseo
Incluye mis deseos, mis zonas erógenas, mis fantasías y el tipo de vínculo a  construir.
Del otro lado está la pareja y la posibilidad de desplegar en conjunto un puente confiable y erótico.
Sabemos que hay una paradoja vincular, se necesita intimidad para estar segura y poder jugar. A la vez si esta intimidad no deja lugar para el espacio intimo personal, el deseo muere lentamente.

El desafío

El desafío es partir de ese espacio seguro personal y vincular,  para volar hacia la incertidumbre de explorar las infinitas posibilidades eróticas individuales y de pareja.
Aceptando que la escena actual es por demás complicada para el erotismo, comprometernos en aceptar a la sexualidad placer como un valor.
Tenemos así la posibilidad de desplegar todo nuestro potencial erótico, para estar presentes momento a momento, viviendo nuestra sexualidad plenamente, a lo largo de nuestro camino en la vida.

Sobre Adrián Helien

Médico especialista en Psiquiatría y Sexóloga Clínica. Coordinador del Grupo de Atención a Personas Transexuales (GAPET), División Urología del Hospital Durand.
«
Siguiente
»
Anterior