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Por el Dr. Adrián Helien

La importancia del cerebro en el deseo sexual

El deseo comienza en nuestro órgano sexual más importante, el cerebro. Allí empiezan los pensamientos, imágenes y sensaciones que van a encender o apagar nuestro deseo sexual. El deseo es la chispa que pone todo en marcha. Son las ganas, la predisposición a tener un encuentro sexual placentero. Está relacionado con dos centros cerebrales, el del placer y el del dolor. El deseo aparece cuando estamos en situaciones placenteras, agradables. Desaparece cuando estamos ante situaciones dolorosas, peligrosas o desagradables.

Todos tenemos un Mapa del amor

El mapa del amor, es una construcción que sirve para entender un poco más acerca del deseo. Este mapa amoroso se forma en el cerebro a partir de una matriz biológica a la que se le suman a través de los sentidos,  imágenes y sensaciones que van a conformar nuestros gustos en materia sexual.

Conocerse y comunicarse

Cada persona debería explorar acerca de sus preferencias y necesidades acerca del placer. Si no conocemos nuestros gustos, estamos perdidos a la hora de buscar nuestro propio erotismo. A partir de saber las propias necesidades, habría que sintonizar el mapa de mi compañero o compañera para poder gozar de a dos. Aquí la comunicación, tanto en lo verbal (palabras) como en lo no verbal (miradas, abrazos, gestos, besos) es la regla de oro que va a hacer de puente para disfrutar juntos.

La frecuencia ideal

Mucha gente se pregunta. ¿Cuál es la frecuencia ideal? La pregunta que sigue a la anterior es ¿Soy normal?

Ante tanta desinformación y cataratas de mala información, muchos hombres y mujeres se sienten exigidos para entrar en un número de relaciones que los tranquilice y les de la “normalidad” deseada.

La respuesta es que: no existe una frecuencia ideal de relaciones sexuales. Existe el número de relaciones o encuentros eróticos con los que cada persona se siente cómoda o cómodo.  La pregunta que debería contestarse sinceramente es: ¿Cómo se siente usted con la frecuencia sexual actual? La misma pregunta se podría ampliar a su pareja y ver qué sucede. Si ambos están bien, no habría ningún problema.

El conflicto podría surgir de la falta de coincidencia en el número de relaciones sexuales deseadas por cada integrante de la pareja. Un ejemplo podría ser que 3 relaciones sexuales a la semana es un número excesivo para uno y una cifra muy insignificante para el otro/a. Aquí no habría un problema del deseo, sino una falta de sincronía en la frecuencia sexual. Cómo en otros aspectos de la vida en los que no coinciden, la pareja tendría que trabajar en ponerse de acuerdo, evitando agredirse o estigmatizar al otro/a por ser distinto/a. El ejemplo que no debería seguirse, es aquel en el que el varón agrede tratando de frígida a su mujer, o el de ella diciéndole maniático sexual a su pareja.

Definición del problema:
¿Qué se considera bajo deseo sexual?

Los problemas del deseo tienen que ver con una falta de ganas, que aparece persistentemente y altera en menos, una frecuencia que es histórica en determinado individuo.

Ante esta situación corresponde descartar organicidad: problemas hormonales, enfermedades que provoquen dolor físico o dolor psíquico, como la depresión. Hay una larga lista de medicamentos que pueden alterar el deseo sexual. Una educación que ha castigado toda manifestación de placer sexual puede condicionar el deseo.

También situaciones de pareja conflictivas, apagan el deseo. Muchas personas se exigen estar en contacto físico con otras, que no son de su agrado. No se puede desear por el simple hecho de quererlo. La pérdida de amor en una pareja muchas veces es factor determinante de la aparición de este síntoma. Una de las causas más comunes de inhibición del deseo, es el aburrimiento que producen escenas sexuales reiteradas, repetidas sin cambio ni sorpresa. La sexualidad puede enriquecerse comunicando gustos y necesidades, incorporando fantasías o nuevos estímulos siempre que ambos integrantes de la pareja estén de acuerdo.


Consejo

Aconsejamos tomarse un tiempo para la pareja: “una salida distinta”. Solos, sin preocupaciones extra. Sin chicos, trate de no llevar esa noche o ese día los problemas de trabajo. Cenar, un paseo al aire libre, ir al cine, ir a ver algún espectáculo, una escapadita de fin de semana, pueden ser opciones para restaurar el espacio de la pareja muchas veces ausente por los ritmos de vida signados por el estrés.

Proponga a su pareja tener una relación sexual distinta, incorporar nuevas posiciones, ropa interior sensual, video erótico, etc.

Los consejos son a fines de cortar con el círculo vicioso de intentar tener relaciones sexuales cuando las condiciones respecto al deseo no están dadas.

Si usted continúa con el problema:

Corresponde al profesional especializado en sexualidad, hacer un correcto diagnóstico y evaluar la posibilidad de un eventual tratamiento de ser necesario.

Los médicos descartarán los problemas físicos (por ejemplo hormonas específicas bajas), medicamentos con efectos negativos sobre el  deseo, depresión.

Muchas veces se necesita una terapia muy puntual como la terapia sexual (TS). Dicha TS es una terapia breve que apunta a resolver el síntoma, en este caso restablecer la erección dentro de una relación sexual placentera.

Sobre Adrián Helien

Médico especialista en Psiquiatría y Sexóloga Clínica. Coordinador del Grupo de Atención a Personas Transexuales (GAPET), División Urología del Hospital Durand.
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