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Por el Dr. Adrián Helien

Segundos afuera… Ahora la pelea es en la cama... la pareja va a tener un encuentro amoroso pero… con el enemigo/a.

Para empezar sucede que es difícil que una pareja tenga exactamente los mismos gustos y necesidades.

Varones y mujeres somos distintos, primero desde lo biológico. Luego a partir que nacemos nos cuentan historias diferentes de cómo es la sexualidad. Estas historias van a ir conformando nuestra manera de pensar, sentir y accionar respecto al sexo, nada más y nada menos estos relatos completan nuestra identidad sexual y los roles sexuales.

Si a los varones se nos dice que somos superman y a las mujeres se les cuenta que son la cenicienta, sin duda a la hora del encuentro sexual estamos en problemas. No crean que exagero mucho en las comparaciones.

A los varones se les dice que tienen que poder con todas las mujeres, si no son raros o algo anda mal. Que lo único importante es la penetración, si no, no pasa nada. Además hay que poner acento en la cantidad de relaciones sexuales, y no la calidad, hay que dejar (a sus parejas) satisfechas o pidiendo: ¡Basta por favor!

A las mujeres les cuentan que tienen que postergar las relaciones, que tiene que ser suaves, pasivas, esperar y no pedir, si no, no las van a tomar en serio (para casarse), que las buenas mujeres no hacen determinadas cosas etc. Cuando varones y mujeres se encuentran pueden surgir muchas diferencias, el tema está en cómo las resuelven. Cómo acuerdan para pasarla bien juntos, sin desaparecer como personas y para construir ese maravilloso espacio de pareja.

Distintas formas de vivir la sexualidad no significan necesariamente un problema, pero pueden llegar a serlo. Veamos un ejemplo: la frecuencia sexual.

Aquí voy citar una escena de una película, de W. Allen. El personaje se queja de su mujer por que “nunca quiere hacer el amor”

Y cuando su analista le pregunta cuanto es “nunca”, el contesta dos o tres veces a la semana. Mientras que su pareja (D Keaton) hace lo mismo en su terapia diciendo que su esposo “siempre quiere hacer el amor", aclarando ante la pregunta de su terapeuta que “siempre" es dos o tres veces por semana.

Conclusión lo que para uno es mucho, para otro puede ser poco.

Finalmente la pegunta del millón es, si los dos entran en la normalidad ¿Quién tiene la razón?.

La respuesta es que la clave está en el acuerdo que puedan lograr. Sin acusaciones ni reproches, aceptando las diferencias. Si no resuelven este tema, el riesgo es que erijan roles fijos perseguidor/a y perseguido/a. Un juego cruel de gato y ratón sin salida.

Lo mismo sucede con las actividades sexuales que quieran disfrutar.

Cada persona tiene su propio sistema de disfrute. Cuando no coinciden, esto no debería transformarse en
una pelea interminable, ni mucho menos en una extorsión por parte de un integrante hacia el otro. Un ejemplo es la frase – Si me quisieras… lo harías.

Si alguien tiene miedo, inhibición o aversión a algún tipo de actividad sexual, se abre la posibilidad de un trabajo de cambio terapéutico, previa aceptación de quien lo tenga. Pero si lo que sucede es simplemente tener distintos gustos, nuevamente aparece la búsqueda de un consenso, aceptando las diferencias. Otras veces el sexo se utiliza como premio o castigo.

El ejemplo es cuando un integrante de la pareja castiga al otro negándose a tener una relación sexual. Ante lo que evalúa un maltrato de la otra persona, le aplica la frase “Ya vas a ver cuando quieras… no vas a tener (sexo)”. La otra cara de la misma moneda es cuando se usa el sexo como premio “hoy te portaste bien… entonces si vas a tener recompensa (sexual por supuesto)”.

Aquí la sexualidad pasa a ser instrumento de poder de un integrante de la pareja sobre el otro. Lo cual desvirtúa el encuentro, le da insignificado fuera del contexto del placer sexual compartido y le confiere un carácter rígido en los roles.


Voy a dar algunas claves para encontrar la soluciones:
• Los problemas extra-sexuales no se llevan a la cama. Si tiene problemas por dinero, división de tareas domesticas o no, quien toma las decisiones etc., no solucione estos temas llevándolos al territorio sexual.
• Comunicación sexual clara y sincera: Si usted tiene un gusto particular ¿Cómo lo comunica? (verbalmente, no verbalmente, no indico nada en absoluto). Comunique directo y lo mas claro posible. Incluye hablar sobre la existencia de problemas sexuales.
• Flexibilidad: Trate de que no haya roles fijos, los dos pueden iniciar una relación, proponer variantes, decir que no etc.

• Aprender a dialogar sobre sexualidad: Hay que aprender a comunicar gustos y necesidades. Nadie es adivino y evitará malos entendidos.

Sobre Adrián Helien

Médico especialista en Psiquiatría y Sexóloga Clínica. Coordinador del Grupo de Atención a Personas Transexuales (GAPET), División Urología del Hospital Durand.
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