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Cinco de cada diez argentinos lidian con la discordancia sexual.

Uno quiere y el otro no. Y viceversa. ¿Te pasó que vos quieras tener relaciones y tu pareja no? fue la pregunta disparadora de una encuesta diseñada por la Universidad Abierta Interamericana (UAI) sobre Deseo Sexual Desincronizado o SDD, por sus siglas en inglés.

Según los expertos, esa conducta es un motivo de consulta cada vez más frecuente. El tema suele provocar malestar en la pareja y puede llegar a desembocar en malentendidos y falsas interpretaciones. Sobre todo del estilo "no le atraigo como antes", "quizá piense en otra persona" o "ya no le gusto".

A esa pregunta de la encuesta, cinco de cada diez entrevistados (todos en pareja) respondieron sí. Y la misma proporción aceptó luego que "de vez en cuando" tiene relaciones sexuales aún sin tener deseos en ese momento.

Para Adrián Helien, psiquiatra y sexólogo del Hospital Durand, hay que comenzar por reconocer que "así como tenemos distintos gustos, inclinaciones y necesidades, nuestros mapas del deseo también son diferentes y pretender coincidir siempre es un idilio que nos lleva directo a la desilusión".

¿Cuál es la razón de la discordancia? ¿Hay factores ajenos a la pareja? "Las circunstancias de mayor peso son las de la cotidianidad, ya que el trabajo, la familia, las cuestiones de la casa y la crianza de los niños, si los hay, ocupan un enorme tiempo y energía -dice Helien-. Si la pareja no administra bien estas actividades, la sexualidad queda relegada al último puesto. Y así como la regla general dice que el sexo trae más sexo, creo que aplicada en el sentido contrario es aún más contundente: cuanto menos sexo tengas, menos sexo vas a tener."

Según la encuesta de la UAI, realizada entre mujeres y hombres mayores de 18 años de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y del Conurbano bonaerense, la circunstancia ajena a la relación que más afecta el deseo sexual es el cansancio, respuesta por la que se inclinó el 41,1%. En segundo lugar, con el 21,8% quedaron el estrés y los problemas laborales, seguidos por la rutina (14,1%), las demandas de los hijos (12,4%), la falta de atracción sexual (5,5%) y la baja autoestima (5,2%).

Olga Tallone es psicóloga, sexóloga clínica y especialista en sexualidad tántrica. Dirige Tantra Club, lugar adonde acuden parejas que buscan mejorar o recuperar sus encuentros sexuales reconectándose desde lo afectivo.

"Vienen parejas con hijos chicos, es decir, con edades muy demandantes, que consultan porque sienten que están perdiendo frecuencia -cuenta Tallone-. Pero también hay parejas veinteañeras que llegan por el mismo motivo. Pero ojo, porque las circunstancias ajenas nunca son tan «ajenas». El deseo sexual está muy afectado por una comunicación pobre, falta de unión entre lo erótico y lo afectivo, y la lucha por el poder que, desde el inicio o en alguna fase del vínculo, se manifiesta inevitablemente."

La psicóloga, sexóloga y coach sexual Celia Laniado aconseja, ante todo, la conversación franca y abierta, ya que muchas veces el solo hecho de plantearlo mejora el panorama. "Hay que acostumbrarse a hablar de sexo con naturalidad, indagar sobre lo que le gusta a nuestra pareja. Atreverse a preguntar y abrir el diálogo abre también las posibilidades de mejorar los encuentros y evitar la discordancia", dice.

Y agrega: "Hay que estar alerta a que la discrepancia no se instale. Alguno de los dos tiene que dar el primer paso".

Disfunciones sexuales y SDD


Desde su experiencia clínica, tanto el sexólogo León Roberto Gindin, profesor de Sexualidad y Salud de la UAI, como la psicóloga y sexóloga Andrea Gómez, autora del libro Sexualidad, pareja y embarazo: mitos y verdades, de Lugar Editorial, sostienen que este fenómeno de discrepancia puede surgir también en el contexto de una terapia donde se revisa algún tipo de disfunción concreta, ya sea en el hombre o en la mujer.

"Suele aparecer, especialmente, cuando se necesita aumentar la frecuencia para corregir algún trastorno más específico con técnicas congnitivo-conductuales", señala Gindin.

Por su parte, Gómez dice: "Cuando hay problemas de erección, control eyaculatorio o dispareunia en la mujer [coito vaginal doloroso], por mencionar algunos ejemplos, y uno como terapeuta interviene con un trabajo en función de aumentar la frecuencia sexual para corregirlo, entonces, aparece el SDD... Que uno está motivado y el otro no, que cuando uno quiere el otro ya no tiene ganas".

"Hay que ir entonces más profundo -agrega-, revisar si existe alguna fobia o algún reclamo escondido. Y en el caso de diagnosticar un SDD como tal, hay que ahondar desde la psicoterapia para abordar esa situación porque, en realidad, para entender la sexualidad en la historia de una pareja hay que empezar por la historia individual de cada uno. Es decir, las propias experiencias, el inicio sexual, la educación y los propios permisos para el placer y el encuentro sexual sin tabúes".

Como dice Helien, "el sexo en piloto automático no existe, no funciona solo, y si uno quiere coincidir con el otro en tener relaciones sexuales, también hay que hacerse cargo y ocuparse de que eso suceda sin hacer conjeturas".

"Hay una creencia milenaria de que el sexo siempre es espontáneo y natural, y no es siempre así -asegura Laniado-. La idea de programar un encuentro sexual, acordado entre ambos, suele resultar muy placentero, y además permite la posibilidad de innovar. Darse el permiso para disfrutar alienta el acercamiento en la pareja y aleja la discordancia."

Soledad Vallejos| La Nación

Sobre Adrián Helien

Médico especialista en Psiquiatría y Sexóloga Clínica. Coordinador del Grupo de Atención a Personas Transexuales (GAPET), División Urología del Hospital Durand.
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